Desde el origen de los tiempos la concepción del mundo para el ser humano ha sido objeto de innumerables transformaciones, todas ellas ayudadas en parte por el poder político-religioso que imperaba en cada tiempo y en ocasiones la falta de nivel cultural de la gran masa popular; desde el culto a los dioses, pasando por un pensamiento científico, hasta una concepción globalizadora acerca de la manera de construir mundo.
En el terreno arquitectónico, el ser humano ha seguido asiduamente esta línea marcada por la sociedad y sólo unos pocos han podido anticiparse al futuro y buscar nuevas fórmulas de entender la arquitectura.
En los últimos meses hemos estado revisando el pensamiento humano desde la antigüedad, y analizando continuamente lo que ha acontecido desde el Movimiento Moderno citando a algunos de sus representantes, hasta el Post Minimal y sus elaboradas teorías acerca de la concepción humana.
Para explicar el trabajo, que lo definimos a través del tríptico, hemos añadido la literatura y las imágenes en movimiento para complementar la comprensión
En estas líneas tratamos de enlazar los conceptos que en la obra “Estaticidad dinámica” aparecen, haciendo referencia a ideas de ISLA, NUBE y PAISAJE, los tres grandes grupos tratados durante el curso.
Para realizar una intervención en el paisaje (La Pedriza), primero hemos de entender a lo que el término paisaje nos hace alusión, y no es más que un fragmento de territorio en el que el hombre ha actuado, comprendiendo por territorio como un fragmento de Tierra en la que el hombre no ha dejado su huella. Cada paisaje es individual, cada individuo es un paisaje en sí mismo con una interpretación diferente para cada uno de ellos.
El análisis de representantes del Landart soporta la intervención realizada en la Pedriza; concretamente Richard Long y Andy Goldsworthy son la base para el discurso planteado en el trabajo. De Goldsworthy podemos destacar la intencionalidad en trabajar con lo natural, empleando elementos de la naturaleza y enfatizando las formas geométricas de la misma, e intentando explicar cómo el tiempo se hace partícipe de la misma. Del discurso de Long nos quedamos con la manera de proceder, a través de formas sencillas como círculos o rectas construidos en lugares alejados de la civilización, así como el respeto a estos; las huellas del ser humano y la manera que tiene la naturaleza de borrarlas o asumirlas como propias.
Para la ejecución de la obra recurrimos a fragmentos de naturaleza que representan las manzanas, escogidas a tal efecto por su rápida oxidación y por tanto sus transformaciones energéticas palpables a la vista del ojo humano, a diferencia con las que pueda sufrir un conjunto geológico. La manera de proceder la relacionamos con la intención de transmitir al receptor de la obra una idea de tiempo que pueda percibir con exactitud.
Intentando relacionar conceptos tan antagónicos como el de “isla” y “nube”, encontraremos en el transcurrir de la preparación de la obra puntos en común. Entendemos por “isla” todo aquello capaz de aislarse aquello que colecciona una serie de biotopos propios, de unas estructuras de pensamiento y formales similares respecto al medio del que se aíslan; por ello y trasladando lo dicho al trabajo, los fragmentos de manzana tienen características similares y los podemos medir de forma precisa en términos de masa, longitud, superficie, pudiéndose relacionar entre ellos y diferenciándose claramente del medio en el que se encuentran (porción de territorio en el que hay desde tierra, hasta hojas de pino, insectos…)La frontera se hace patente a través de una expresión formal reconocible como es el círculo, y despertando la curiosidad de cuanto espectador pasara por delante.
Los tiempos en la naturaleza son medibles y representan escalas totalmente diferenciadas, desde los tiempos geológicos hasta los biológicos. Dentro de los biológicos o junto a ellos están los cambios físico-químicos de la naturaleza, cambios en los que las relaciones dejan de ser finitas y medibles para constituir relaciones que emergen del fondo, formalizaciones no contenidas y en continuidad. Los fragmentos de manzana, tras relacionarse los unos con los otros por proximidad, comienzan a sufrir cabios conjuntos con la materia orgánica de la tierra, y esta como fondo aceptará a los fragmentos de manzana como propios, dando lugar a una continuidad energética que en un primer momento no existía; por primera vez tenemos consciencia de la “nube”.
Todas estas transformaciones biológicas de las que hablamos, forman parte del conjunto relacional de intercambios energéticos que acontecen en la naturaleza: la erosión del agua y el viento, los movimientos tectónicos, las relaciones humanas. El círculo se acaba cerrando y todos los seres vivos emplearemos en algún momento de nuestras vidas fragmentos de energía utilizados por el de al lado, o por el arbusto de más allá o por aquel pájaro que se posa en el mismo arbusto.
El conjunto relacional del que hablamos se hace patente en nuestra obra a través de la interactuación biológica (oxidación de la manzana, absorción por parte de la tierra), interactuación física a través de la acción del viento que transporta porciones de un lugar a otro y también coloca fragmentos pequeños de restos vegetales o rocosos por encima para que el paisaje creado acabe siendo de nuevo territorio.
La obra de Landart se puede interpretar a su vez en términos arquitectónicos, haciendo alusión de nuevo a la “isla”, a la “nube” y al “paisaje”. Toda obra arquitectónica tiene la capacidad de explicarse como isla o como nube en función de lo que acontece en ella, por tanto, más allá de los espacios creados en una obra de arquitectura son tanto o más importantes los acontecimientos celebrados en ella, entendiendo por acontecimiento, el tipo de relaciones que allí suceden en términos de población, movimiento, actividad realizada, etc.
Por tanto, ¿podríamos entender la arquitectura sin la forma, la escala, las dimensiones, los materiales constructivos…? La respuesta parece ser afirmativa si atendemos a los grandes maestros que la historia nos ha dejado, como por ejemplo Mies, Le Corbusier… Personajes los cuales se revelaron en sus épocas contra un entender la arquitectura como funcional, formar y objetual, para añadir nuevos conceptos, como las sensaciones, la psicología, la acústica, lo olfativo…
Volviendo al trabajo, en la primera imagen, una actuación humana es perceptible en la misma, dejando patente que el hombre forma parte de ella y con esa misma pretensión. En la segunda imagen, aspectos físicos como la incidencia de la luz y el paso de cierto tiempo, hacen que la intervención forme parte del fondo, sin que haya una emergencia clara, tras confundirse con luces y sombras. En la tercera imagen, la acción antrópica prácticamente es imperceptible, habiendo pasado la figura inicial a formar parte del fondo (incertidumbre) e integrarse en el conjunto.
La explicación más profunda que podemos realizar en profundidad viendo las tres imágenes, no ha de realizarse individualmente, sino respondiendo en conjunto a cada una de las cuestiones tratadas con anterioridad. Se trata de una intervención en el territorio que realiza el hombre (paisaje), la cual ha de entenderse por sí misma a través del paso del tiempo y de los acontecimientos biológicos, biotópicos y atmosféricos que en ella acontecen, relacionándolo todo, dentro de un pensamiento transversal, no único (a diferencia del Movimiento Moderno) que se rebela en contra de lo estático, que cree en las relaciones más allá de las expresiones formales y que entiende tanto el universo como la arquitectura de una manera global, sin dogmas ni ataduras morales. Como referencia a parte de este pensamiento nos encontramos a los futuristas Marinetti, Saint Elia y Boccioni, que defendían la evolución de las formas a través del tiempo.
No entenderemos la obra en términos ideales, sino que estará sometida a factores aleatorios como la velocidad del viento, la fuerza del agua, la temperatura de una determinada época, en la que la predicción se hace imposible de forma exacta, aunque si lograremos entenderla en términos relativos, pues el paso del tiempo afectará con una seguridad total al aspecto formal de los comienzos
Por ello la “continuidad“ es la palabra que mejor refleja el sentir de los que se rebelaron intelectualmente en contra de lo individual, de los que tomaron partido por el Movimiento en Manada como manera de entender mejor las relaciones, de los que entendieron que todo el universo es capaz de explicarse desde lo atómico hasta lo universal (Robert Smithson). La continuidad expresada tiene que ver con la desmaterialización a la que se recurre para expresar una idea global.
Todos estos conceptos repasados a lo largo de estos meses y estas líneas, parece que quedan descritos en este documento, no buscando interpretaciones posteriores, puesto que la única interpretación posible, paradójicamente hablando es la globalidad energética que transcurre a lo largo del tiempo y sus diferentes escalas.
Para la elaboración de este texto se ha atendido a referencias ideológicas estudiadas durante el curso e interpretaciones propias de las mismas en consonancia con lo perseguido con el trabajo de campo en el territorio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario